Acerca de Lila Espacio Mulvidiana

Mi pasión es comunicar información, y me gusta hacerlo hablando y escribiendo. En la primera parte de mi vida, materialicé este parte de mi proyecto de vida trabajando durante más de 25 años como periodista del diario El País, una de las cabeceras más importantes en España. A principios de 2011, dejé ese trabajo y me embarqué en la reinvención de mí misma. Por un lado, comencé a estudiar interpretación teatral y frente a la cámara, formación que ahora estoy completando con cursos de clown. Por el otro, experimenté un despertar de conciencia y me dediqué a formarme y a investigar en todo el campo de lo multidimensional, empezando por los tres primeros grados de Reiki, y culminando con el máster en Evolución Consciente de Paloma Cabadas. La materialización de esta parte de mi proyecto comienza con a publicación de esta web y de mi canal de vídeos en YouTube. El resto... continuará...

Etapa precio Cero

 

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Halo solar en la ría de Vigo, 5/10/2016. Selfie.

Momento de cambios, de mucho  movimiento interior y exterior. Para mí y para mucha gente. Podría ser la ocasión para poner en práctica aquello de “a río revuelto, ganancia de pescadores”. En mi caso no va a ser así. Acabo de saber que durante este mes de octubre voy a ofertar la sesión y la consulta de preguntas a precio CERO. Es decir, gratis. 

Estoy el diseño de mi identidad, lo que viene a significar que me he puesto disponible para que a través de mí se filtren nuevas preguntas, que abrirán nuevas experiencias para explorar y transitar. Por supuesto, mi identidad funcional, mi nombre, mi DNI, mi cuerpo físico, van a seguir ahí como ya los conocéis. Sólo que vais a ir viendo cómo voy cambiando (y vosotros también, aunque ni os deis cuenta). Como por ejemplo poniendo a disposición estas sesiones de acompañamiento en el proceso personal de cada cual sin necesidad de compensación monetaria por parte de quien consulta.

Que conste que mi identidad personal está bastante molesta con la idea, pero prefiero no discutirla y acatarla tal cual me ha llegado (sobre el por qué de esta decisión espero poder hablaros en breve en un vídeo).

 

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Final feliz en ‘La Cama Lúcida (4)’

 

He querido rematar con esperanza y una propuesta guay esta última (por el momento) entrega de la primera serie de monólogos multidimensionales que me he atrevido a representar, grabar y publicar. En La Cama Lúcida (4) hablo de los amores con personas afines, vuelvo un poco sobre la infidelidad y el origen biológico del impulso parejil, pero sobre todo quería dejaros con un buen sabor de boca y una propuesta que tiene mucho de oportunidad.

Ahora que comienza el verano, la mejor época para encuentros que pueden ser fugaces y no por eso menos significativos, me gustaría pensar que gracias a que habéis pasado buenos momentos con mis vídeos, habéis cambiado un poco vuestra perspectiva, vuestro punto de vista, sobre las relaciones amorosas e incluso sobre todas las relaciones humanas en general. Así podréis aprovechar las futuras ocasiones de usar los espejos que nos rodean para impulsaros en vuestra evolución personal.

Muchas gracias por haber llegado hasta aquí, y muchas gracias anticipadas por compartir estos vídeos o estas entradas del blog.

Os deseo un verano fenomenal!

 

La infidelidad en ‘La Cama Lúcida (3)’

Sí, amig@s, me he atrevido a coger el toro por los cuernos y hablar de mi particular y actual visión de temazos como la infidelidad, las terceras personas, los ligues online… y ya puestos, la interacción de los camposenergéticos/ cuánticos/ magnéticos/ informativos. La Cama Lucida 3Y digo actual porque mañana igual pienso otra cosa, igual que antes mi versión era distinta. A  estas alturas de cambio, evolución y aceleración de los tiempos, aferrarse a una idea ya no es lo mío (quien quiera que se aferre a las suyas, por supuesto).

Aquí podéis ver La Cama Lúcida (3), tercera entrega de mi monólogo multidimensional sobre el amor humano, la pareja y sus conflictos, las relaciones amorosas, en fin, esas cuestiones en las que se nos va la vida, a veces, claro, que no todo es tan tan.

Espero que os guste y os agradezco cualquier comentario, crítica más o menos cerval y, sobre todo, que lo compartáis.

Pronto habrá nuevas noticias, nos vemos!

¡Continuamos con ‘La Cama Lúcida’!

Os presento una nueva entrega de mi monólogo de humor multidimensional La Cama Lúcida (2), continuación del que hice el pasado 14 de febrero, día de San Valentín, en el especial  Amor con Humor del que os hablé en la entrada titulada Evolucionar con humor es reír, y donde estuve acompañada por tres maravillosos artistas, colegas y maestros.

Ahora me he decidido a hacerlo sola, en el mismo lugar, El Bosque Mágico de Ávalon, para seguir hablando de ese tema que a tod@s nos remueve: la pareja, las relaciones amorosas y más o menos sexuales. Ay, qué valiente que soy…

En este segundo monólogo me he lanzado a relacionar esta cuestión de las relaciones desde con la alergia al polen (que la tiene) hasta con el desarrollo de los potenciales individuales, el efecto espejo, la resolución del conflicto, los territorios, los patrones de atracción, los puntos ciegos y el trabajo personal evolutivo.

¿Cómo puede caber tanto en 12,41 minutos? Pues vaya usted a saber. A mí me salió así, improvisando sobre algunas ideas que había ido anotando previamente, como una filtración del Origen, que para eso una está disponible 24/7.

Espero que os guste, que os divirtáis, os riaís y hasta os remováis un poco. Os agradezco mucho que os toméis el tiempo de verlo y si os gusta, compartirlo.

Pronto habrá nuevas entregas.

 

 

 

 

Posesiones y acechos: qué hacer

Vídeo

¿Ves algo en las nubes? Coméntalo abajo. 

En este vídeo continuamos dando información sobre los seres inquietantes, seres sin cuerpo físico con los que (por el momento) compartimos la vida y para muchas personas, también la realidad.

En este caso, hablo de las posesiones y los acechos, por utilizar las palabras que emplean los seres humanos que los están experimentando. La clave del asunto es que, de alguna u otra manera, la persona que en el mundo físico es quien convoca y, de forma muy inconsciente, da el permiso para que esos seres tan incómodos se acerquen demasiado.

En este caso, propongo una serie de tips o apuntes para empezar a trabajar una sensación de posesión o el acecho que sentimos cuando no podemos dormir bien porque estamos rodeados de… demasiada gente, no entremos en si es buena, mala o regular.

Si un ser humano tiene estas sensaciones es, por un lado, porque viene dotado con las herramientas necesarias para manejarlas (otra cosa es que se responsabilice de ellas y se ponga a utilizarlas) y, por otro, porque para este momento evolutivo concreto necesita, o cree necesitar, de la presencia de esos seres inquietantes dentro de su campo de información y energía.

Aunque este  vídeo es sólo un breve recetario para aprender a trabajar de forma interna y personal con estas situaciones, creo que es suficiente para que al menos las personas físicas afectadas empiecen a perder el miedo a estas presencias y a responsabilizarse de sus propios talentos y fortalezas para gestionarlas.

Siempre insistiré en que nada puede sustituir al trabajo personal, pero si alguien considera que no puede hacer esto en solitario, puede pedir ayuda. No sólo a mí, como informadora de lo multidimensional y asesora en casos de incorrecta gestión energética, sino por Internet adelante podéis encontrar quien os acompañe en el proceso. En otro vídeo hablaré de estos acompañamientos, porque a veces es necesario hacerlo sola y ocurre, por ejemplo, que te quedas sin dinero para pagar acompañamientos o terapias.

Continuará….

 

 

 

Evolucionar con humor es reír

Vídeo

La cama lucidaLa risa, la carcajada, es una de las manifestaciones más saludables del humor. Si una se ríe sola, estupendo, pero si también se ríen los demás, mucho mejor. Al menos para los cuatro aficionados a la risa que nos juntamos el pasado 14 de febrero (sí, San Valentín), en El Bosque Mágico de Ávalon para hablar con mucho humor de multidimensionalidad, amor, espiritualismo, tarot y otras cosas presuntamente mágicas. Con todo el respeto, vaya eso por delante.

Si queréis ver todos los monólogos, podéis seguir este enlace: Amor con Humor: Especial San Valentín. El mío va en cuarto lugar, pero recomiendo que no os perdáis ninguno.

 

Por qué las cosas nos salen “mal”

Vídeo

En este vídeo hablo de las quejas y de lo que nos cuesta aceptar que todo lo que nos ocurre es un espejo de lo que está en nuesto interior sin resolver.

Muchas veces nos preguntamos:  “¿Por qué las cosas nos salen “mal?”, pero ¿realmente es tan malo?

A veces eso “malo” que nos ocurre  no es otra cosa que la consecuencia lógica de una serie de acciones, reacciones y decisiones que hemos ido tomando de manera muy poco consciente a lo largo de tanto tiempo que ya ni recordamos cómo empezó todo. Es decir, en realidad lo provocamos nosotros mismos y  lo que pasa es que nos cuesta asumir la responsablidad.

Otras veces, la vida nos da un zapatazo, o eso nos parece… Y luego, pasan los años, y gracias a aquel zapatazo todo ha cambiado y encima, para mejor: “No hay mal que por bien no venga”. Eso sí, con bien y todo, pero nos pasamos años y años quejándonos de aquel mal. Repetimos  viejos patrones y nos extrañamos de que no consigamos nada nuevo.

Hay mucho más que decir, os invito a compartirlo aquí o en la página de facebook de Proyecto Mulvidiana.

L@s transmutador@s: pararlo ya

Mis gatinosEn este mundo hay personas que pueden hacerse cargo de los males ajenos, metérselos en el cuerpo y sanarlos. Así, resumiendo, se comportan l@s transmutador@s, las personas que ejercitan este don.
Y digo ejercitan porque la capacidad de hacer esto está en cada uno de nosotros, como seres con cuerpo físico, igual que los animales y plantas. Pudiera parecer ahora que voy a ensalzar este don y a describir lo estupendo que es. Pues nada de eso. Describirlo, lo voy a describir, al tiempo que aconsejo no usarlo más hasta no tener bien claro hasta dónde puede llevar a la persona que lo pone en práctica. Porque de otra forma, el cuerpo duele y eso no nos gusta a ninguno, o a casi ninguna.

Me explico: en su mayoría, las personas transmutadoras se hacen cargo de las densidades y de los malos rollos ajenos de una forma completamente inconsciente. Es decir, que no se dan cuenta de que lo están haciendo. Solo de que les duele el cuerpo un día sí y otro también, y esto es muy incómodo. Y, atención, son l@s transmutador@s los que toman voluntariamente estas energías ajenas, no es que nadie se las meta desde fuera con malas artes.

Expliquemos aquí cómo ocurre esto. El/la transmutador/a, por ejemplo, entra en el transporte público por la mañana para ir a trabajar. Se siente bien, acaba de desayunar y darse una ducha (no en este orden) y en su casa no ha pasado nada desagradable. Entra en el metro o el autobús, abre su libro o su tableta y se pone a leer, sentado o de pie. Cuando llega a su parada, se levanta, o se mueve para salir, y de repente nota que, inopinadamente, le duele el hombro, o la rodilla, o la rabadilla, o un lado de la cabeza o la barriga. Se pregunta si habrá hecho algún movimiento extraño en las escaleras, si habrá desayunado algo que le sentó mal. Luego llega al trabajo, saluda a los compañeros y se da cuenta de que con la pequeña caminata hasta la sede de su empresa ya no le duele nada; piensa que es por haberse movido un poco. Al cabo de un rato, escucha a dos compañer@s hablar de problemas. Intenta ignorarlos para seguir con lo suyo, y lo consigue. Claro de que entonces empieza a notar que le duele otra parte del cuerpo.

Qué ha pasado?

Sin darse cuenta, ha ido absorbiendo diferentes energías de baja frecuencia y se las ha metido en el cuerpo para su reciclaje y transmutación. Así, alguna de las personas que iban con él o ella en el autobús o el vagón, se bajaron sintiéndose mejor, también sin saber por qué. Lo mismo ha hecho en el trabajo. Mientras nota cómo le duele la muñeca y piensa que es el síndrome del túnel carpiano (que también puede ser, porque de tanto repetir la acción, al final el cuerpo ha acabado haciendo una lesión permanente), observa cómo l@s compañer@s que antes echaban pestes ahora vuelven carcajeándose de fumar un cigarrito fuera de la oficina.

Si alguien piensa que puede ser un/a transmutador/a, mi consejo sería que lo parase YA. Por lo menos hasta decidir qué hace con ello. Y los que no lo sean, por el momento que no se pongan a activar la capacidad. Y todo esto, por qué?

La primera razón es por una misma. Ya no es necesario hacerse cargo de las dolencias energéticas ajenas para purgar algún daño cometido quién sabe en qué momento o para compensar algún fallo, o para sentirse necesaria. Los motivos que tenga cada cual para haber desarrollado este talento subyacen en lo más profundo del inconsciente. Lo mejor es volverse hacia adentro para sanarse uno mismo, y dejar de perder energía siendo el sumidero de los dolores ajenos. Más adelante, cuando ya se esté mejor, se podrá ir haciendo de una forma consciente, que lo mejor que tiene es que no provoca dolor en el cuerpo y sí mucha alegría, para una misma, porque esto se hace desde el anonimato y la más absoluta discreción. Aquí el ego y las inseguridades del personaje que cada uno somos no tiene nada que opinar.

La segunda razón es para dejar espacio a los demás para que se sanen a sí mismos. Si yo me llevo para mi cuerpo la densidad que te toca drenar a ti, el conflicto que es mejor que soluciones, tú sigues sin enterarte de que tienes algo que arreglar y la resolución de esos temas y la posterior reconciliación con tus partes más oscuras, y con las de los demás que han estado en el mismo escenario, quedará pospuesta de forma indefinida.

Aunque no os hayáis dado cuenta, seguro que tenéis cerca de algún/a transmutador/a. Suele haber al menos un@ en cada familia, aunque hay familias que son especialistas. Se les puede reconocer porque tienen una mala salud de hierro. La mala salud es porque continuamente sufren enfermedades leves, dolencias, achaques, pequeños accidentes (o no tan pequeños) nada grave, el caso es que no paran de ponerse malos. Lo de que es de hierro es porque vienen preparados con cuerpos muy fuertes que pueden asumir ese esfuerzo sin enfermar de gravedad. Al menos por razones de otras personas, evidentemente cada cuerpo puede enfermar por las propias necesidades de la conciencia que lo habita hasta la gravedad que precise.

Ya tenemos localizado al transmutador. Qué pasa si soy yo misma? Como la tendencia es a repetir rutinas, igual una vez que me doy cuenta de que ando transmutando gratuitamente todo lo que me apropio sin tener derecho a ello no lo puedo parar. Pero sí lo noto. Entonces, cuando me duela alguna parte del cuerpo y me dé la sensación de que puede ser porque estoy transmutando algo, lo mejor es echarse a dormir. Por qué digo esto? Por simple observación de los animales más profesionales en la transmutación: los gatos.

Para ellos es tan n
atural que no enferman casi nunca, y menos todavía les duele. Otros muchos animales y plantas cercanos a nosotros están todo el día reciclando nuestras energías de baja frecuencia, nuestras densidades varias, pero me voy a ceñir a los gatos porque lo que hacen es espectacular. Quienes tenéis gatos en casa habréis observado lo mucho que duermen. Pues bien, es entonces cuando están transmutando. Deberían llevar un cartelito con un casco de obrero que pusiera: “Gato trabajando”.

Cómo lo hacen? Cómo podemos imitarles? Cuando
un gato se duerme, cuando un perro se duerme, cuando un ser humano se duerme, su cuerpo energético sale de su cuerpo físico. Así, mientras el cuerpo físico hace su trabajo de reciclado de las energías densas, estas energías no repercuten en el cuerpo energético, que no se ve afectado por ellas y por lo tanto, cuando vuelva al físico, éste habrá drenado todo lo que tenga que drenar y ya no sentirá ningún dolor. Por eso es aconsejable, mientras no se consiga frenar la tendencia a meterse para dentro cosas ajenas, echarse a dormir en un lugar solitario. Me vale la taza del inodoro, no el vagón del metro, atención. Unos minutos para dejar que el cuerpo físico transmute lo absorbido son suficientes.

Claro que lo mejor es frenar el proceso antes de que comience. Y eso, cómo lo hacemos? Con mucha atención a nosotros mismos. Se trata de distinguir qué dolor es mío y cual no. Para ello, podemos imaginarnos que estamos rodeados por una cápsula de luz en la que solo estoy yo. Lo que hay dentro, es mío. Y luego, buscar de qué manera abro esa cápsula para incorporar temas ajenos y fijarme en lo que siento con el cuerpo cuando me llega algo de fuera.

Para simplificar, una buena noticia: en cuanto tengas intención de no dejar pasar a tu cuerpo nada que no te corresponda, ya lo estarás haciendo, así que tampoco te rompas la cabeza. Limítate a disfrutar de tu propio espacio y deja de prestar atención al espacio de los demás.

Y cuando el presunto transmutador es alguien que conocemos? Para esto hay varias opciones, siempre desde el más profundo respeto a los procesos propios de la otra persona. Lo más aconsejable es poner la intención de que no se lleve ninguno de nuestros malos rollos, así para empezar. Es una forma de parar una tendencia hasta que estemos seguros de que puede hacerse cargo de ella.

Otra opción es hablar con esa persona. No hace falta decirle lo que está haciendo, si no lo sabe o no se da cuenta es necesario respetar también esa opción que ha tomado. Si además es alguien que no se maneja con términos tales como energía, densidad y otros, corremos el riesgo de asustarle, y ya sabemos que el miedo no va a arreglar nada en esta situación. Es mejor tantear si suele hacerse cargo de los problemas de los demás, porque muchas de estas personas hacen en la vida cotidiana lo mismo que hacen en el espectro energético, y suelen vivir como propias cuestiones de sus seres queridos más cercanos. Lo que no saben es que con la energía de los demás hacen lo mismo aunque no sean ni queridos ni cercanos, sino solo que vibran enla misma frecuencia de algunos temas sin resolver del propio transmutador.

Si de quien estamos hablando es de una niña o niño que tenemos a nuestro cargo, lo mejor es explicárselo claramente y sin subterfugios. L@s niñ@s entienden todas estas cosas mucho mejor que nosotros los mayores, porque están continuamente aprendiendo y experimentando. Si les decimos que es probable que están haciendo eso sin darse cuenta y que por eso les duele, en ese mismo instante dejarán de hacerlo. Más adelante, si muestran interés, les podremos ir dando indicaciones para que jueguen con ese don y aprendan a utilizarlo de la mejor manera posible. Que por cierto es el siguiente paso que vamos a dar en este texto.

Como se puede utilizar el don de la transmutación?

Antes de aprender a utilizarlo de forma consciente, es mejor estar seguros de que ya no estamos poniendo en práctica esta tendencia innata. Como es algo que llevamos haciendo toda la vida, nos llevará unos meses detenerlo. Eneste tiempo de frenada nos iremos encontrando cada vez mejor. Son naturales algunos despistes, como si vemos a alguien muy querido y muy cercano en una mala situación emocional o física y de repente nos damos cuenta de que nos duele algo y de que nos hemos puesto a transmutarlo. No pasa nada, son los flecos finales de nuestra deshabituación.

Lo siguiente sería suponer que ya no lo hacemos nunca, y… lo echamos de menos, porque un talento nuestro, y nos apetece utilizarlo. Es nuestro derecho, y también el de cualquier persona que nunca lo haya experimentado y quiera incorporarlo a su acerbo.

En principio, diría que podríamos empezar, como l@s niñ@s, por jugar. Sin embargo, por lo que llevo viendo, a día de hoy lo mejor es no hacerlo de ninguna de las maneras. Es decir, nos plantaremos en la etapa de frenada. Y continuará…

 

 

 

Pararse, ¿para qué?

A veces parece que la vida nos pide que paremos, que nos detengamos y, generalmente, no entendemos para qué nos serviría parar. Y, por lo tanto, no nos detenemos, seguimos yendo a mil, abarcando lo inabarcable, hasta llegar a veces a la extenuación, cuando no a parar deforma obligada porque nos hemos roto un hueso, hemos enfermado o nos ha dado un bajón impresionante, la tan extendida depresión o un ataque de estrés.

Tal vez, si tuviéramos idea de la utilidad que puede tener para nosotros ese parón, lo haríamos de forma voluntaria. Por supuesto, están razones evidentes como darse tiempo para pensar, para observarse, para descansar. Pero eso, a la vista está, no parece ser suficiente porque casi nadie se para.

Además, aquí prefiero hablar de esas otras razones menos palpables y materiales, lo que subyace detrás de lo que está detrás: las razones energéticas, que tienen más que ver con la gestión de esas emociones que preferimos ocultar, que evitamos sentir porque, admitámoslo, son francamente desagradables. La culpa, la ira, el odio, la envidia, el rencor… Todas se apelotonan en el baúl de los olvidos, y van saliendo en medio del torrente de nuestros pensamientos, para acabar generando una rueda en la que se mezclan con ellos y forman el rulo mental: los pensamientos emocionales sin control posible… Y lo que es peor, sin utilidad.

Y precisamente, acabo de descubrir que detenerse, simplemente echarse a descansar, tiene una utilidad energética: no enviar más energía a un rulo mental o una emoción que no logramos gestionar de forma adecuada. Así, aunque esa rueda de pensamientos siga girando, lo hará con menos fuerza e ímpetu. Poco a poco, al dejar que vaya disminuyendo su intensidad, se podrá ir agotando y podremos gestionar la energía que representa sentir nuestras emociones.

Este vídeo lo grabé apenas un hora después de hacer este descubrimiento. Y –os podéis reír– desde entonces, no he parado. Espero que os guste!

 

 

 

 

Herramientas para la autorresponsabilidad energética

 

Y vamos añadiendo concEspejo circulareptos en esta aventura de hacer cotidiana la vida multidimensional. Veamos: lo de qué son las herramientas, lo podemos tener todos claro más o menos, pero lo de la autorresponsabilidad energética… Prometo que he intentado llamarlo de la manera más sencilla posible, y esto es por el momento todo lo que he conseguido, así que voy a explicar lo que intento definir a ver si os lo aclaro sin extenderme demasiado.

Cada vez somos más conscientes del concepto de energía. Además de la llegada masiva de información procedente de las culturas asiáticas, para las que el chi o qui (energía vital) es algo cuya existencia está más que asumida, la mecánica cuántica está acercando a los racionalistas científicos la posibilidad de pensar en términos de ondas, partículas y… energía. Independientemente de ello, la práctica totalidad de los seres humanos vivos en este momento ha incrementado su nivel de sensibilidad al menos en un pequeño porcentaje respecto a generaciones anteriores, lo que nos hace susceptibles de percibir la información sutil de los diferentes campos y frecuencias energéticas que hay a nuestro alrededor, provengan de otras personas o animales, de plantas o incluso de rocas o edificios aparentemente inertes.

Ahora nos toca el tema de la gestión de tal cantidad de nueva información. Es decir, la gestión de esa energía. Y ahí es donde entra el concepto de auto responsabilidad (lo voy a separar a ver si queda mejor…). Me refiero con ello a que por el hecho de estar vivos y conscientes de que lo estamos, los seres humanos tenemos la responsabilidad de aprender a gestionar nuestra energía de la manera más óptima posible. Sin desperdiciarla. Sin quitársela a otros seres, generalmente humanos como nosotros, que son quienes la tienen de una calidad más conveniente a nuestras necesidades.

Por supuesto, aquí entraríamos a hablar de cómo nos alimentamos físicamente, pero como ello está más que tratado en sus diferentes opciones por Internet adelante, en este momento introductorio no me voy a referir a ello. Me quedaré en la responsabilidad de gestionar nuestra propia energía sutil de forma que ni se la arrebatemos a otros ni nos la dejemos arrebatar, que para el caso es lo mismo, sino que consigamos una optimización de los recursos a nuestro alcance.

En los primeros vídeos que grabé, germen de lo que más tarde sería el proyecto Mulvidiana, este tema fue uno de los que más expectación generó. No sólo entre la gente que los fue visionando en YouTube, sino también dentro de mí misma. Y por ello le dedico un capítulo entero en esta definición de lo que esta web, o blog o vídeo blog, busca aportar en el momento de su nacimiento. Más adelante, además, espero tener ocasión de volver sobre este tema porque me da que todavía hay mucho que trabajar al respecto, porque ni siquiera entre personas muy despiertas y casi conscientes he encontrado esa optimización energética que sería deseable si fuéramos auto responsables en un ciento por ciento.

La primera que cojeo en este tema soy yo misma, aunque debo admitir que en los últimos dos años he mejorado mucho y por eso me permito ir señalando el camino por si le fuera de utilidad a alguien. Decir, a manera de anécdota, que ahora que se va a cumplir un año de la grabación de los primeros vídeos, cuando una compañera me comentó hace unos días que los había visto y que mis palabras de la gestión de la energía del enfado la habían llamado mucho la atención… me sorprendí escuchándola porque no las recordaba. Huelga decir que en este tiempo no he sido tan óptima gestionando la energía del enfado como me hubiera gustado, aunque voy mejorcita de lo mío.

La auto responsabilidad energética incluye que nos quitemos los trajes de personajes tan manidos como, por ejemplo, “la víctima”, en su máxima expresión cuando pensamos cosas como “Yo soy rebelde porque el mundo me ha hecho así” (preciosa canción de mi infancia). Aunque el mundo se haya encargado de no dejarnos casi ni respirar a base de batacazos, es hora ya de que admitamos que eso era lo que estaba ahí para nosotros. Igual no es el momento de preguntarnos por qué, no vaya a ser que se nos venga encima una desagradable memoria de una vida en la que no hicimos las cosas demasiado bien, pero siempre va a ser el momento de preguntarnos Para Qué.

La respuesta, mientras nos estamos resistiendo a vivir esa experiencia tan dura, suele tardar en llegar, tiempo que podremos aprovechar para pulir nuestro talento de la paciencia (recién adquirido en mi caso). Hasta ahora, ese tiempo lo gastábamos buscando a quién echar la culpa (vamos a ir pensando en hacer una campaña de firmas para eliminar esta palabra de los diccionarios, a ver si de paso la eliminamos de nuestros vocabularios personales…) y, si encontrábamos a alguien, ahí ya le poníamos la etiqueta de agresor y lo convertíamos en el Enemigo, cuando como mucho sólo era el contrario en el conflicto que hemos venido a resolver, o en uno de ellos.

Así, con esa energía del enfado enfocada a esa persona, se la estábamos dando a raudales y sintiéndonos nosotros carentes de ella cada vez más. Lo siguiente era (y es) que, de forma inconsciente pero implacable, comenzábamos a buscar cómo reponerla. Y siempre hemos encontrado la manera de aprovecharnos de la energía de alguna otra persona que pasaba por nuestra vida, de manera que nosotros mismos nos hemos convertido en parásitos energéticos sin comerlo ni beberlo (sin conciencia de ello, me refiero).

He puesto un ejemplo de cómo perdemos nuestra preciada energía por no ser responsables de ella al entregarla de mala manera, de forma completamente involuntaria, a una persona que nos hace enfadar. Ahora ha llegado el momento de hablar de cuando alegremente nos convertimos en comida basura energética para otras personas (o seres, pero a estos por el momento me vais a dejar que sólo los cite). Es decir, cuando dejamos que otros nos roben la energía, se la lleven, se la queden… Y de nuevo eso nos convierta en hambrientos parásitos energéticos en una dinámica perversa que parecía que nunca iba a terminar.

Como nadie o casi nadie es capaz de gestionar bien su energía, de dónde la toma y dónde la entrega, andamos casi todos tomando de aquí y de allá, y a veces nos toca que alguien se la lleve sin pedir permiso ni dar nada a cambio. Las ocasiones son innumerables, pero a veces ocurre simplemente cuando vamos en autobús, por poner un ejemplo. Notamos que alguien nos mira con cara de pocos amigos y, lejos de pensar “¿Qué le pasará para tener ese gesto?” y desearle lo mejor, nos ponemos a la defensiva, le miramos con un gesto aún menos amistoso y, lo peor, nos Sentimos mal con esa persona –lo de poner mayúscula a lo de Sentir es para llamar la atención sobre este verbo, que es fundamental en este proyecto–. Pues resulta que igual esa persona estaba sumida en sus pensamientos (algo grave, sin duda), ni nos estaba viendo, pero, eso sí, andaba flojilla de energía y, ¡zaca!, ha aprovechado sin darse cuenta nuestra emoción y se ha llevado un tantito de la nuestra. Ni ha disfrutado ni hemos disfrutado del intercambio, todo un alarde de irresponsabilidad energética a dos bandas, mire usted qué bien.

Se trata de que vayamos parando esta tendencia. Como en todo cambio, sólo podremos trabajar con nosotros mismos. No va a ser posible cambiar el gesto de alguien desconocido en el autobús, ni el tono de voz de quien nos molesta cuando nos habla mal, ni el carácter de alguien que nos descompone cada vez que nos cruzamos en su camino. En este Juego de la Tierra sólo es posible, en estos momentos de la Historia, cambiarse cada uno a sí mismo. Ya no vale que venga alguien a salvarte, tampoco que con un bebedizo alguien consiga que un tercero esté loco por ti. Eso tuvo su valor y su función en un tiempo, se experimentó a tope, hasta la extenuación, y ahora ya no vale. Las reglas no han cambiado, es que están más claras que entonces porque por fin podemos verlas, masivamente, casi todos los que las queremos ver. Simplemente, antes nos gustaba pensar que las cosas podían ser así y el juego discurría como si así fueran. Pero, no nos engañemos más, en realidad nunca fueron así. Nunca pudimos cambiar a nadie salvo a nosotros mismos. Los cambios que provocábamos en los demás a través de la fuerza o de las malas artes no se sostenían en el tiempo: o la persona acababa muriendo o cuando moríamos nosotros todos volvían a ser como eran antes. Todo esto por resumir, porque aquí tenemos para hablar durante varios meses.

Volvamos a la auto responsabilidad energética: es lo que nos permite hacernos cargo de nuestras decisiones al cien por cien, de manera que seamos conscientes de cuál es nuestro estado energético en cada momento y seamos capaces de mantenerlo óptimo el mayor tiempo posible.

Conocer si tenemos energía de más, si nos falta; si se la está llevando alguien y quién y, ya de paso, si se la podemos dar de forma voluntaria –una receta infalible para que nuestro sistema mantenga el equilibrio sin carencias ni excesos–; si somos nosotros los que le estamos clavando el catéter a otra persona y qué vamos a decidir al respecto, y de ahí en más.

Por eso, el proyecto Mulvidiana nació con la intención de contribuir a que cada cual pueda ir creando esas herramientas de auto responsabilidad energética. La propuesta es ambiciosa y con ella, desde luego, ganamos todos. Pronto lo iremos probando y comprobando.