Posesiones y acechos: qué hacer

Vídeo

¿Ves algo en las nubes? Coméntalo abajo. 

En este vídeo continuamos dando información sobre los seres inquietantes, seres sin cuerpo físico con los que (por el momento) compartimos la vida y para muchas personas, también la realidad.

En este caso, hablo de las posesiones y los acechos, por utilizar las palabras que emplean los seres humanos que los están experimentando. La clave del asunto es que, de alguna u otra manera, la persona que en el mundo físico es quien convoca y, de forma muy inconsciente, da el permiso para que esos seres tan incómodos se acerquen demasiado.

En este caso, propongo una serie de tips o apuntes para empezar a trabajar una sensación de posesión o el acecho que sentimos cuando no podemos dormir bien porque estamos rodeados de… demasiada gente, no entremos en si es buena, mala o regular.

Si un ser humano tiene estas sensaciones es, por un lado, porque viene dotado con las herramientas necesarias para manejarlas (otra cosa es que se responsabilice de ellas y se ponga a utilizarlas) y, por otro, porque para este momento evolutivo concreto necesita, o cree necesitar, de la presencia de esos seres inquietantes dentro de su campo de información y energía.

Aunque este  vídeo es sólo un breve recetario para aprender a trabajar de forma interna y personal con estas situaciones, creo que es suficiente para que al menos las personas físicas afectadas empiecen a perder el miedo a estas presencias y a responsabilizarse de sus propios talentos y fortalezas para gestionarlas.

Siempre insistiré en que nada puede sustituir al trabajo personal, pero si alguien considera que no puede hacer esto en solitario, puede pedir ayuda. No sólo a mí, como informadora de lo multidimensional y asesora en casos de incorrecta gestión energética, sino por Internet adelante podéis encontrar quien os acompañe en el proceso. En otro vídeo hablaré de estos acompañamientos, porque a veces es necesario hacerlo sola y ocurre, por ejemplo, que te quedas sin dinero para pagar acompañamientos o terapias.

Continuará….

 

 

 

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Herramientas para la autorresponsabilidad energética

 

Y vamos añadiendo concEspejo circulareptos en esta aventura de hacer cotidiana la vida multidimensional. Veamos: lo de qué son las herramientas, lo podemos tener todos claro más o menos, pero lo de la autorresponsabilidad energética… Prometo que he intentado llamarlo de la manera más sencilla posible, y esto es por el momento todo lo que he conseguido, así que voy a explicar lo que intento definir a ver si os lo aclaro sin extenderme demasiado.

Cada vez somos más conscientes del concepto de energía. Además de la llegada masiva de información procedente de las culturas asiáticas, para las que el chi o qui (energía vital) es algo cuya existencia está más que asumida, la mecánica cuántica está acercando a los racionalistas científicos la posibilidad de pensar en términos de ondas, partículas y… energía. Independientemente de ello, la práctica totalidad de los seres humanos vivos en este momento ha incrementado su nivel de sensibilidad al menos en un pequeño porcentaje respecto a generaciones anteriores, lo que nos hace susceptibles de percibir la información sutil de los diferentes campos y frecuencias energéticas que hay a nuestro alrededor, provengan de otras personas o animales, de plantas o incluso de rocas o edificios aparentemente inertes.

Ahora nos toca el tema de la gestión de tal cantidad de nueva información. Es decir, la gestión de esa energía. Y ahí es donde entra el concepto de auto responsabilidad (lo voy a separar a ver si queda mejor…). Me refiero con ello a que por el hecho de estar vivos y conscientes de que lo estamos, los seres humanos tenemos la responsabilidad de aprender a gestionar nuestra energía de la manera más óptima posible. Sin desperdiciarla. Sin quitársela a otros seres, generalmente humanos como nosotros, que son quienes la tienen de una calidad más conveniente a nuestras necesidades.

Por supuesto, aquí entraríamos a hablar de cómo nos alimentamos físicamente, pero como ello está más que tratado en sus diferentes opciones por Internet adelante, en este momento introductorio no me voy a referir a ello. Me quedaré en la responsabilidad de gestionar nuestra propia energía sutil de forma que ni se la arrebatemos a otros ni nos la dejemos arrebatar, que para el caso es lo mismo, sino que consigamos una optimización de los recursos a nuestro alcance.

En los primeros vídeos que grabé, germen de lo que más tarde sería el proyecto Mulvidiana, este tema fue uno de los que más expectación generó. No sólo entre la gente que los fue visionando en YouTube, sino también dentro de mí misma. Y por ello le dedico un capítulo entero en esta definición de lo que esta web, o blog o vídeo blog, busca aportar en el momento de su nacimiento. Más adelante, además, espero tener ocasión de volver sobre este tema porque me da que todavía hay mucho que trabajar al respecto, porque ni siquiera entre personas muy despiertas y casi conscientes he encontrado esa optimización energética que sería deseable si fuéramos auto responsables en un ciento por ciento.

La primera que cojeo en este tema soy yo misma, aunque debo admitir que en los últimos dos años he mejorado mucho y por eso me permito ir señalando el camino por si le fuera de utilidad a alguien. Decir, a manera de anécdota, que ahora que se va a cumplir un año de la grabación de los primeros vídeos, cuando una compañera me comentó hace unos días que los había visto y que mis palabras de la gestión de la energía del enfado la habían llamado mucho la atención… me sorprendí escuchándola porque no las recordaba. Huelga decir que en este tiempo no he sido tan óptima gestionando la energía del enfado como me hubiera gustado, aunque voy mejorcita de lo mío.

La auto responsabilidad energética incluye que nos quitemos los trajes de personajes tan manidos como, por ejemplo, “la víctima”, en su máxima expresión cuando pensamos cosas como “Yo soy rebelde porque el mundo me ha hecho así” (preciosa canción de mi infancia). Aunque el mundo se haya encargado de no dejarnos casi ni respirar a base de batacazos, es hora ya de que admitamos que eso era lo que estaba ahí para nosotros. Igual no es el momento de preguntarnos por qué, no vaya a ser que se nos venga encima una desagradable memoria de una vida en la que no hicimos las cosas demasiado bien, pero siempre va a ser el momento de preguntarnos Para Qué.

La respuesta, mientras nos estamos resistiendo a vivir esa experiencia tan dura, suele tardar en llegar, tiempo que podremos aprovechar para pulir nuestro talento de la paciencia (recién adquirido en mi caso). Hasta ahora, ese tiempo lo gastábamos buscando a quién echar la culpa (vamos a ir pensando en hacer una campaña de firmas para eliminar esta palabra de los diccionarios, a ver si de paso la eliminamos de nuestros vocabularios personales…) y, si encontrábamos a alguien, ahí ya le poníamos la etiqueta de agresor y lo convertíamos en el Enemigo, cuando como mucho sólo era el contrario en el conflicto que hemos venido a resolver, o en uno de ellos.

Así, con esa energía del enfado enfocada a esa persona, se la estábamos dando a raudales y sintiéndonos nosotros carentes de ella cada vez más. Lo siguiente era (y es) que, de forma inconsciente pero implacable, comenzábamos a buscar cómo reponerla. Y siempre hemos encontrado la manera de aprovecharnos de la energía de alguna otra persona que pasaba por nuestra vida, de manera que nosotros mismos nos hemos convertido en parásitos energéticos sin comerlo ni beberlo (sin conciencia de ello, me refiero).

He puesto un ejemplo de cómo perdemos nuestra preciada energía por no ser responsables de ella al entregarla de mala manera, de forma completamente involuntaria, a una persona que nos hace enfadar. Ahora ha llegado el momento de hablar de cuando alegremente nos convertimos en comida basura energética para otras personas (o seres, pero a estos por el momento me vais a dejar que sólo los cite). Es decir, cuando dejamos que otros nos roben la energía, se la lleven, se la queden… Y de nuevo eso nos convierta en hambrientos parásitos energéticos en una dinámica perversa que parecía que nunca iba a terminar.

Como nadie o casi nadie es capaz de gestionar bien su energía, de dónde la toma y dónde la entrega, andamos casi todos tomando de aquí y de allá, y a veces nos toca que alguien se la lleve sin pedir permiso ni dar nada a cambio. Las ocasiones son innumerables, pero a veces ocurre simplemente cuando vamos en autobús, por poner un ejemplo. Notamos que alguien nos mira con cara de pocos amigos y, lejos de pensar “¿Qué le pasará para tener ese gesto?” y desearle lo mejor, nos ponemos a la defensiva, le miramos con un gesto aún menos amistoso y, lo peor, nos Sentimos mal con esa persona –lo de poner mayúscula a lo de Sentir es para llamar la atención sobre este verbo, que es fundamental en este proyecto–. Pues resulta que igual esa persona estaba sumida en sus pensamientos (algo grave, sin duda), ni nos estaba viendo, pero, eso sí, andaba flojilla de energía y, ¡zaca!, ha aprovechado sin darse cuenta nuestra emoción y se ha llevado un tantito de la nuestra. Ni ha disfrutado ni hemos disfrutado del intercambio, todo un alarde de irresponsabilidad energética a dos bandas, mire usted qué bien.

Se trata de que vayamos parando esta tendencia. Como en todo cambio, sólo podremos trabajar con nosotros mismos. No va a ser posible cambiar el gesto de alguien desconocido en el autobús, ni el tono de voz de quien nos molesta cuando nos habla mal, ni el carácter de alguien que nos descompone cada vez que nos cruzamos en su camino. En este Juego de la Tierra sólo es posible, en estos momentos de la Historia, cambiarse cada uno a sí mismo. Ya no vale que venga alguien a salvarte, tampoco que con un bebedizo alguien consiga que un tercero esté loco por ti. Eso tuvo su valor y su función en un tiempo, se experimentó a tope, hasta la extenuación, y ahora ya no vale. Las reglas no han cambiado, es que están más claras que entonces porque por fin podemos verlas, masivamente, casi todos los que las queremos ver. Simplemente, antes nos gustaba pensar que las cosas podían ser así y el juego discurría como si así fueran. Pero, no nos engañemos más, en realidad nunca fueron así. Nunca pudimos cambiar a nadie salvo a nosotros mismos. Los cambios que provocábamos en los demás a través de la fuerza o de las malas artes no se sostenían en el tiempo: o la persona acababa muriendo o cuando moríamos nosotros todos volvían a ser como eran antes. Todo esto por resumir, porque aquí tenemos para hablar durante varios meses.

Volvamos a la auto responsabilidad energética: es lo que nos permite hacernos cargo de nuestras decisiones al cien por cien, de manera que seamos conscientes de cuál es nuestro estado energético en cada momento y seamos capaces de mantenerlo óptimo el mayor tiempo posible.

Conocer si tenemos energía de más, si nos falta; si se la está llevando alguien y quién y, ya de paso, si se la podemos dar de forma voluntaria –una receta infalible para que nuestro sistema mantenga el equilibrio sin carencias ni excesos–; si somos nosotros los que le estamos clavando el catéter a otra persona y qué vamos a decidir al respecto, y de ahí en más.

Por eso, el proyecto Mulvidiana nació con la intención de contribuir a que cada cual pueda ir creando esas herramientas de auto responsabilidad energética. La propuesta es ambiciosa y con ella, desde luego, ganamos todos. Pronto lo iremos probando y comprobando.