¡Continuamos con ‘La Cama Lúcida’!

Os presento una nueva entrega de mi monólogo de humor multidimensional La Cama Lúcida (2), continuación del que hice el pasado 14 de febrero, día de San Valentín, en el especial  Amor con Humor del que os hablé en la entrada titulada Evolucionar con humor es reír, y donde estuve acompañada por tres maravillosos artistas, colegas y maestros.

Ahora me he decidido a hacerlo sola, en el mismo lugar, El Bosque Mágico de Ávalon, para seguir hablando de ese tema que a tod@s nos remueve: la pareja, las relaciones amorosas y más o menos sexuales. Ay, qué valiente que soy…

En este segundo monólogo me he lanzado a relacionar esta cuestión de las relaciones desde con la alergia al polen (que la tiene) hasta con el desarrollo de los potenciales individuales, el efecto espejo, la resolución del conflicto, los territorios, los patrones de atracción, los puntos ciegos y el trabajo personal evolutivo.

¿Cómo puede caber tanto en 12,41 minutos? Pues vaya usted a saber. A mí me salió así, improvisando sobre algunas ideas que había ido anotando previamente, como una filtración del Origen, que para eso una está disponible 24/7.

Espero que os guste, que os divirtáis, os riaís y hasta os remováis un poco. Os agradezco mucho que os toméis el tiempo de verlo y si os gusta, compartirlo.

Pronto habrá nuevas entregas.

 

 

 

 

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Por qué las cosas nos salen “mal”

Vídeo

En este vídeo hablo de las quejas y de lo que nos cuesta aceptar que todo lo que nos ocurre es un espejo de lo que está en nuesto interior sin resolver.

Muchas veces nos preguntamos:  “¿Por qué las cosas nos salen “mal?”, pero ¿realmente es tan malo?

A veces eso “malo” que nos ocurre  no es otra cosa que la consecuencia lógica de una serie de acciones, reacciones y decisiones que hemos ido tomando de manera muy poco consciente a lo largo de tanto tiempo que ya ni recordamos cómo empezó todo. Es decir, en realidad lo provocamos nosotros mismos y  lo que pasa es que nos cuesta asumir la responsablidad.

Otras veces, la vida nos da un zapatazo, o eso nos parece… Y luego, pasan los años, y gracias a aquel zapatazo todo ha cambiado y encima, para mejor: “No hay mal que por bien no venga”. Eso sí, con bien y todo, pero nos pasamos años y años quejándonos de aquel mal. Repetimos  viejos patrones y nos extrañamos de que no consigamos nada nuevo.

Hay mucho más que decir, os invito a compartirlo aquí o en la página de facebook de Proyecto Mulvidiana.

Pararse, ¿para qué?

A veces parece que la vida nos pide que paremos, que nos detengamos y, generalmente, no entendemos para qué nos serviría parar. Y, por lo tanto, no nos detenemos, seguimos yendo a mil, abarcando lo inabarcable, hasta llegar a veces a la extenuación, cuando no a parar deforma obligada porque nos hemos roto un hueso, hemos enfermado o nos ha dado un bajón impresionante, la tan extendida depresión o un ataque de estrés.

Tal vez, si tuviéramos idea de la utilidad que puede tener para nosotros ese parón, lo haríamos de forma voluntaria. Por supuesto, están razones evidentes como darse tiempo para pensar, para observarse, para descansar. Pero eso, a la vista está, no parece ser suficiente porque casi nadie se para.

Además, aquí prefiero hablar de esas otras razones menos palpables y materiales, lo que subyace detrás de lo que está detrás: las razones energéticas, que tienen más que ver con la gestión de esas emociones que preferimos ocultar, que evitamos sentir porque, admitámoslo, son francamente desagradables. La culpa, la ira, el odio, la envidia, el rencor… Todas se apelotonan en el baúl de los olvidos, y van saliendo en medio del torrente de nuestros pensamientos, para acabar generando una rueda en la que se mezclan con ellos y forman el rulo mental: los pensamientos emocionales sin control posible… Y lo que es peor, sin utilidad.

Y precisamente, acabo de descubrir que detenerse, simplemente echarse a descansar, tiene una utilidad energética: no enviar más energía a un rulo mental o una emoción que no logramos gestionar de forma adecuada. Así, aunque esa rueda de pensamientos siga girando, lo hará con menos fuerza e ímpetu. Poco a poco, al dejar que vaya disminuyendo su intensidad, se podrá ir agotando y podremos gestionar la energía que representa sentir nuestras emociones.

Este vídeo lo grabé apenas un hora después de hacer este descubrimiento. Y –os podéis reír– desde entonces, no he parado. Espero que os guste!