Posesiones y acechos: qué hacer

Vídeo

¿Ves algo en las nubes? Coméntalo abajo. 

En este vídeo continuamos dando información sobre los seres inquietantes, seres sin cuerpo físico con los que (por el momento) compartimos la vida y para muchas personas, también la realidad.

En este caso, hablo de las posesiones y los acechos, por utilizar las palabras que emplean los seres humanos que los están experimentando. La clave del asunto es que, de alguna u otra manera, la persona que en el mundo físico es quien convoca y, de forma muy inconsciente, da el permiso para que esos seres tan incómodos se acerquen demasiado.

En este caso, propongo una serie de tips o apuntes para empezar a trabajar una sensación de posesión o el acecho que sentimos cuando no podemos dormir bien porque estamos rodeados de… demasiada gente, no entremos en si es buena, mala o regular.

Si un ser humano tiene estas sensaciones es, por un lado, porque viene dotado con las herramientas necesarias para manejarlas (otra cosa es que se responsabilice de ellas y se ponga a utilizarlas) y, por otro, porque para este momento evolutivo concreto necesita, o cree necesitar, de la presencia de esos seres inquietantes dentro de su campo de información y energía.

Aunque este  vídeo es sólo un breve recetario para aprender a trabajar de forma interna y personal con estas situaciones, creo que es suficiente para que al menos las personas físicas afectadas empiecen a perder el miedo a estas presencias y a responsabilizarse de sus propios talentos y fortalezas para gestionarlas.

Siempre insistiré en que nada puede sustituir al trabajo personal, pero si alguien considera que no puede hacer esto en solitario, puede pedir ayuda. No sólo a mí, como informadora de lo multidimensional y asesora en casos de incorrecta gestión energética, sino por Internet adelante podéis encontrar quien os acompañe en el proceso. En otro vídeo hablaré de estos acompañamientos, porque a veces es necesario hacerlo sola y ocurre, por ejemplo, que te quedas sin dinero para pagar acompañamientos o terapias.

Continuará….

 

 

 

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Pararse, ¿para qué?

A veces parece que la vida nos pide que paremos, que nos detengamos y, generalmente, no entendemos para qué nos serviría parar. Y, por lo tanto, no nos detenemos, seguimos yendo a mil, abarcando lo inabarcable, hasta llegar a veces a la extenuación, cuando no a parar deforma obligada porque nos hemos roto un hueso, hemos enfermado o nos ha dado un bajón impresionante, la tan extendida depresión o un ataque de estrés.

Tal vez, si tuviéramos idea de la utilidad que puede tener para nosotros ese parón, lo haríamos de forma voluntaria. Por supuesto, están razones evidentes como darse tiempo para pensar, para observarse, para descansar. Pero eso, a la vista está, no parece ser suficiente porque casi nadie se para.

Además, aquí prefiero hablar de esas otras razones menos palpables y materiales, lo que subyace detrás de lo que está detrás: las razones energéticas, que tienen más que ver con la gestión de esas emociones que preferimos ocultar, que evitamos sentir porque, admitámoslo, son francamente desagradables. La culpa, la ira, el odio, la envidia, el rencor… Todas se apelotonan en el baúl de los olvidos, y van saliendo en medio del torrente de nuestros pensamientos, para acabar generando una rueda en la que se mezclan con ellos y forman el rulo mental: los pensamientos emocionales sin control posible… Y lo que es peor, sin utilidad.

Y precisamente, acabo de descubrir que detenerse, simplemente echarse a descansar, tiene una utilidad energética: no enviar más energía a un rulo mental o una emoción que no logramos gestionar de forma adecuada. Así, aunque esa rueda de pensamientos siga girando, lo hará con menos fuerza e ímpetu. Poco a poco, al dejar que vaya disminuyendo su intensidad, se podrá ir agotando y podremos gestionar la energía que representa sentir nuestras emociones.

Este vídeo lo grabé apenas un hora después de hacer este descubrimiento. Y –os podéis reír– desde entonces, no he parado. Espero que os guste!